Listado de proyecciones

Colocamos aquí el listado completo de obras que proyectaremos en este curso:

- Don Quichotte (Ferdinand Zecca, 1900).

- Sexto sentido (Nemesio Sobrevila, 1929).

- Aventuras de Don Quijote (Georg Wilhelm Pabst, 1933).

- Don Quijote de La Mancha (Rafael Gil, 1948).

- Vida en sombras (Lorenzo Llobet-Gràcia, 1948).

- Centauros en el desierto (John Ford, 1956).

- La carrera del siglo (Blake Edwards, 1965).

- Don Quijote/ Don Kijot (Grigori Kozintsev, 1957)

- El hombre de La Macha (Arthur Hiller, 1972).

- Don Quixote (Rudolph Nuyerev, 1973). Ballet.

- Don Quijote cabalga de nuevo (Roberto Gavaldón, 1973).

- Don Quijote libertado/ Osbozhdionniy Don Kijot (Vadim Kurchevski, 1987).

- Don Quixote (apuntes de Orson Welles editados por Jess Franco en 1992).

- La Mort de Don Quichotte (Jules Massenet, 1910). Ópera Nacional de París, 2000, director de orquesta James Conlon.

- El caballero Don Quijote (Manuel Gutiérrez Aragón, 2002).

- Lost in La Mancha (Terry Gilliam, 2002, apuntes de un rodaje inacabado).

- Honor de Cavalleria (Albert Serra, 2006).

- Gran Torino (Clint Eastwood, 2008).

- A Circe cinemática (elogio del cinema) (Manuel Broullón, Pablo Lara, 2013).

“El hombre de La Mancha”, con Peter O’Toole y Sophia Loren

Hemos visto en la última clase un fragmento de la versión musical de Don Quijote protagonizada por Peter O’Toole (Miguel de Cervantes – Don Quijote) y Sophia Loren (Aldonza – Dulcinea) dirigida por Arthur Hiller con guión de Dale Wasserman (1972). Tanto las canciones como la obra teatral original se corresponden con los del musical de Laurence Rosenthal y del propio Wasserman.

Esta versión, ciertamente edulcorada y romántica, nos ha interesado especialmente por el juicio al que se somete a Miguel de Cervantes y que traduce algunas de las preocupaciones fundamentales de la obra cervantina. La inteligente reelaboración de los materiales de la novela nos dan una película ciertamente original, dinámica y divertida que conviene no perder de vista

“Vida en sombras” – Lorenzo Llobet-Gràcia (1948)

L.LLobet Gracia 46

Estamos estudiando esta semana las relaciones Literatura-Cine desde una perspectiva abierta, generosa. Nos hemos propuesto disfrutar tanto las novelas como de las películas, entendiéndolas como obras únicas e irrepetibles pero relacionadas no sólo por el argumento, sino por su capacidad de emocionarnos, de descubrirnos universos.

En nuestro recorrido nos centramos en la generación de escritores, artistas e intelectuales que en torno a los años veinte del siglo pasado coinciden en Madrid. Entre ellos están los componentes de las generaciones del 98, del 14 y del 27. En este ambiente creativo y de pensamiento en torno a las revistas de la época y especialmente gracias al Cineclub Español de La Gaceta Literaria dirigido por Ernesto Giménez Caballero, se produce un cambio hacia lo cinematográfico. Es el principio de la cultura visual cinematográfica.

¿Cómo es es este giro?

La película de 1948 de Lorenzo Llobet-Gràcia Vida en sombras nos explica muy bien y de manera muy bella cómo vivió esta generación que nació, literalmente, con el cine. Vida en sombras cuenta la historia de un cineasta retirado, Carlos Durán (Fernando Fernán Gómez), que nació durante una proyección  del cinematógrafo Lumiére. Su vida desde entonces estará unida a las películas, hasta el punto de que experimenta en sus relaciones afectivas unos procesos similares a los del personaje de la película Rebecca de Alfred Hitchcock.

La generación de escritores, artistas e intelectuales de los años 20 es como Carlos Durán: nacen en el cine, viven con el cine y las películas. Así Francisco Ayala dirá: “yo he pensado el cine, mi coetáneo, con amor, con encanto y hasta con cierto desenfreno”.

“El reino de las sombras” – Máximo Gorki

En julio de 1896, el escritor ruso Máximo Gorki (1868-1936) descubre la invención de los hermanos Lumière en la feria de Nijni-Novgorod y consagra dos artículos al Cinematógrafo, muy próximos uno de otro. El primero, firmado por I.M.Pacatus, parece ser el relato de un descenso al “reino de las sombras”.

Ayer estuve en el reino de las sombras. Si supierais hasta que punto es aterrador…Allí no existe ni el sonido ni el color: todo, la tierra, los árboles, los hombres, el agua y el aire, todo tiene allí un color gris uniforme. En el cielo gris, rayos de sol grises; en los rostros grises, ojos grises. Y hasta las hojas de los árboles son grises como la ceniza: no es la vida, sino una sombra de vida. No es el movimiento, sino una sombra de movimiento, desprovista de sonido.

Me explicaré, so pena de que se me tache de simbolista o de loco. Estaba en  el recinto de Aumont y asistía a una sesión del Cinematógrafo Lumière (las fotografías animadas) La impresión que producen es tan poco común, tan original y compleja que me resulta difícil transmitir todos sus matices. Intentaré de cualquier modo expresar lo esencial.

Cuando la luz se apaga en la sala donde se presenta la invención de los Lumière, aparece en la pantalla un gran cuadro gris, una “Calle de París” que tiene la textura de un grabado de mala calidad. Contemplándolo, se observa gente inmóvil en actitudes diversas, coches, casas, todo gris, hasta el cielo es gris. No es de esperar nada original de una vista tan tópica, pues cuántas veces hemos visto imágenes de calles de Paris como ésta…

Pero de repente, un extraño temblor invade la pantalla y el cuadro cobra vida. Más tarde, la perspectiva, los coches que vienen directos hacia mí, hundiéndose en la oscuridad en la que nos hallamos sumidos, la gente que aparece a lo lejos y aumenta de tamaño a medida que se aproxima. En el primer plano, unos niños juegan con un perro, unos ciclistas pedalean a toda velocidad, los peatones cruzan la calle: todo se mueve, vive, bulle, se dirige hacia el primer plano del cuadro para desaparecer en alguna parte del más allá.

Y todo sucede sin ruido, en silencio: es tan extraño… No se escuchan ni las ruedas contra la calzada, ni el murmullo de los pasos, ni las conversaciones, nada, ni una sola nota de esta compleja sinfonía que siempre acompaña el movimiento de los hombres. Sin ruido, el follaje gris ceniza de los árboles se agita al viento y las siluetas grises de los hombres, como si fueran sombras, se deslizan en silencio sobre la superficie del suelo gris, alcanzadas por un maleficio y cruelmente condenadas al silencio, privadas de todos los matices, de todo el colorido de la vida.

Sus sonrisas están muertas, aunque sus movimientos estén llenos de una energía viva, de una inalcanzable velocidad; su risa es silenciosa aunque podamos ver cómo se contraen los músculos sobre los rostros grises. Una vida que bulle ante los ojos, a quien han despojado de palabra y a la que han quitado el ornamento del color: una vida gris, silenciosa, abatida, lamentable, como desposeída de todo.

Asusta verla, con su movimiento de sombras y sólo sombras. Hace pensar en los fantasmas, en los crueles y malditos hechiceros que sumergen en el sueño a ciudades enteras, tanto que creeríamos estar presenciando una broma pesada de Merlín: él es quien ha embrujado una calle entera de París, encogiendo los altos edificios desde la base hasta el tejado en la medida de una archina[1], ha reducido a los hombres, les ha privado de palabra, ha recogido todos los colores del cielo y de la tierra y los ha convertido en esa tinta gris uniforme, y bajo esa forma, ha colocado la broma en el nicho de una sala oscura de restaurante. Pero de repente, se oye un crujido. Todo desaparece y en la pantalla aparece un ferrocarril. Se lanza hacia usted como una flecha, ¡cuidado! Parece que va a precipitarse sobre la oscuridad y nos convertirá en un saco de piel despedazada, repleto de carne magullada y de huesos triturados, se diría que va a destruir , a reducir a polvo esta sala, este establecimiento lleno de vino, mujeres, música y vicio.

Pero también no es más que un tren de sombras.

Silenciosamente, la locomotora desaparece más allá del marco de la pantalla. El tren se detiene, siluetas grises descienden de los vagones sin hacer ruido, se saludan en silencio, ríen, corren, se agitan, se emocionan sin emitir un sonido… antes de desaparecer. Y he aquí un nuevo cuadro: tres hombres, sentados en torno a una mesa, juegan a las cartas. Los rostros tensos, los movimientos de manos que reparten las cartas son rápidos, la avidez de los jugadores se lee en sus dedos temblorosos, en los músculos de sus rostros. El juego… los tres se echan a reir, y el camarero que les ha servido una cerveza, se ha quedado de pie cerca de la mesa, también ríe. Parece que van a reventar de la risa pero no se escucha un sonido. Se diría que esos hombres están muertos y sus sombras han sido condenadas a jugar a las cartas en silencio hasta la eternidad.

(…)

Esta vida gris y silenciosa termina por trastornarnos y oprimirnos; se tiene la impresión de que contiene una advertencia cuyo significado se nos escapa, pero es lúgubre y la angustia oprime al corazón. Poco a poco uno olvida quien es, extrañas imágenes aparecen en la mente, la conciencia se nubla, se perturba…

Pero de repente se escucha alrededor una provocadora risa femenina, voces burlonas … y de repente uno recuerda que está en el lugar de Aumont, de Charles Aumont.

Pero, ¿por qué ha encontrado asilo precisamente aquí esta extraña invención de los Lumière? Una vez más, aporta la prueba de la energía y de la curiosidad del espíritu humano que eternamente busca saber todo, comprender todo. Y en el paso, ¿qué traerá el éxito de Aumont mientras el invento se encamina al descubrimiento de los misterios de la vida?

No percibo la importancia científica del invento de los Lumière, pero sin duda existe y podrá contribuir al fin último de la ciencia, mejorar la vida del hombre  y desarrollar su espíritu. No es el caso de Aumont, donde sólo se anima y se prodiga el vicio. ¿Por qué en ese lugar , entre las “víctimas del temperamento de la sociedad” y los juerguistas, que han venido a comprar besos? ¿Por qué se muestra aquí el último descubrimiento de la ciencia? Pronto se perfeccionará el invento de los Lumière, pero será siguiendo el carácter de Aumont, Toulon y compañía.

Hasta el momento, además de las vistas mencionadas, también se ha mostrado el “desayuno en familia”, una escena idílica de tres personajes: una pareja joven y su primer bebé desayunan juntos. Ellos están tan enamorados, tan encantadores, alegres, felices, y su bebé es tan divertido… El cuadro transmite una impresión muy hermosa. Pero ¿hay sitio para esta escena en el negocio de Aumont?

Y otra: mujeres trabajadoras, en una multitud alegre y sonriente, salen de una fábrica. Tampoco hay sitio para esta escena en Aumont ¿Por qué recordar aquí que una vida pura, laboriosa, es posible? Es inútil. En el mejor de los casos, este cuadro lo único que conseguirá es herir a la mujer que vende sus besos, eso es todo.

Estoy convencido que pronto esos cuadros serán reemplazados por otros cuyo género estará en consonancia con el tono general del café concierto. Por ejemplo, veremos “Madame se desnuda”, “Akoulina saliendo del baño”, “Madame se pone las medias”. Asimismo, se podrá fotografiar una bronca entre un marido y su mujer en Kanavino[2] y presentarlo al público con el título “Placeres de la vida conyugal”

Sí, eso es lo que pasará. Lo bucólico y lo idílico no tienen lugar en esta gran feria rusa que sólo sueña con la indecencia y la extravagancia. Aún podría proponer algunos temas para ayudar al Cinematógrafo, con el fin de distraer al público de la feria: por ejemplo, someter a uno de esos dandis a un empalamiento a la turca, y una vez fotografiado, hacer la presentación.


[1] Antigua medida rusa de longitud equivalente a 71 cm aproximadamente.

[2] Barrio de Nijni-Novgorod donde todos los años tenía lugar la feria.

Bibliografía recomendada

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